Filosofía del Derecho

Sócrates

Director: Dr. Pablo Pérez Marrero - Diseño Gráfico y Web: Pedro A. Podymski

.
Volver Filósofos
.

 

RESUMEN DE LA APOLOGÍA DE SOCRATES

- INTRODUCCIÓN -

            La apología se sitúa en el año 400 a .C. Narra los acontecimientos en tres sesiones de la defensa de Sócrates ante el Tribunal. Licón era uno de sus acusadores; era un sofista, pero no de gran categoría y también un político. La acusación (que en realidad es una calumnia o acusación falsa) principal hacia Sócrates que los denunciantes presentan ante los jueces, es que cuestiona a los dioses del Estado y corrompe a la juventud.

            En la primera parte de la apología de Sócrates, Sócrates realiza un discurso de defensa contra sus acusadores, Meleto, Licón y Ánito. Se defiende de sus inculpaciones, las cuales son:

1º.- Que comete delito al investigar los fenómenos celestes y subterráneos, debido a que, según ellos, convierte el argumento más débil en el más fuerte, instruyendo esto a otros, y sin creer en los dioses, es decir, es ateo.
2º.- Otra acusación es que es un sofista, o sea, que cobra dinero a cambio de enseñar.

3º.- Lo consideraban como una persona que se dedicaba a engañar a la gente por su facilidad de palabra. Según sus acusadores, Sócrates tenía un lenguaje bastante elocuente.
4º.- Comete delito por pervertir a los jóvenes y no creer en los dioses en los que cree la ciudad, sino en otras divinidades nuevas.

            A lo largo de esta primera parte, Sócrates explica su inocencia mediante varios ejemplos expuestos durante su apología. Durante su discurso de defensa, Sócrates insiste en que él dice claramente la verdad.

Para él, la verdad es una virtud de la sabiduría, y que no hay efecto sin causa. Por ello, según él, todo efecto tiene su propia causa. Propone que la envidia va a impedir que nos autoestimemos.

            Según Sócrates, su mala fama se debe a la sabiduría que posee. Su dios le aseguró que no existía un hombre más sabio que él en todo el mundo. Esa mala fama se originó porque Sócrates se ponía a examinar a la gente que se creía sabia, sin realmente serlo, y haciéndoles conocer su verdadera imagen de ignorancia. Sócrates explicaba a los jueces que él no poseía sabiduría de ningún tipo respecto a los temas cosmológicos. En cambio, se consideraba más sabio que aquellos que presumían de ello, porque reconocía su ignorancia ante los temas que desconocía, o sea, los cosmológicos, cosa que no confesaban los presuntuosos.

            Él negaba que se dedicaba a imponer su doctrina a la gente, a cambio de una remuneración. Él era realmente un antisofista: Sócrates enseñaba, pero con un fin educativo, sin pedir dinero a cambio. También alega que no ha sido maestro de nadie, y que no ha ejercido magistratura alguna en la ciudad, pero que fue miembro del Consejo.

            Sócrates deja también claro que no posee un lenguaje tan elocuente como para conseguir engañar a la gente que instruía gratuitamente, sino que tiene dificultad para expresarse lingüísticamente.

            Sócrates asegura que cree en los dioses y que es falso el ateísmo que sus acusadores manifiestan de Sócrates, porque según Meleto, Sócrates cree en otras divinidades nuevas, pero éste no está de acuerdo con lo que Meleto dice, ya que, como Meleto afirma que cree en otras divinidades distintas a los dioses en los que cree la ciudad, entonces, según él, quiere decir que Sócrates, como cree en dichas divinidades, está dando a entender que no es ateo, y que por tanto, cree en los dioses. Meleto siempre contradice la defensa de Sócrates, y responde siempre que no a lo que él afirma.

            Sócrates niega que él haya corrompido a los jóvenes. Señala que si según Meleto, él corrompe a los jóvenes, que entonces explique Meleto el motivo por el cual la gente disfruta observando cómo Sócrates interroga a los que se creen sabios sin serlo, y que en caso de que fuera cierta la acusación de Meleto, entonces deberían haber asistido al juicio los corrompidos y sus familiares para vengarse de él mediante acusaciones. Cambia su concepto de culpabilidad por el de ignorancia. Establece una conversación dialogada con Meleto, el cual, durante su comparecencia ante el Tribunal, estaba obligado a responder las preguntas del acusado. En esta conversación Sócrates revela que Meleto ha acusado a Sócrates únicamente para ponerlo a prueba, sabiendo muy bien que no es ateo, y que le ha acusado por pura desvergüenza, vehemencia y temeridad juveniles. Según él, Meleto ha querido someterlo a prueba con el fin de averiguar si de verdad es tan sabio como dicen.

            Sócrates manifiesta que no teme a la muerte cuando se trata de la justicia, sino todo lo contrario. Si él temiera a la muerte, entonces Sócrates no creería en los dioses. Da la razón de su arrogancia ante la muerte al explicar que ni siquiera ha invocado a sus familiares para que le ayuden a que los jueces le absuelvan de las críticas falsas.

            Finalmente, Sócrates concluye esta primera parte de su apología, dejando la justicia en manos de los jueces (a los que llamaba atenienses) y dejando claro su superioridad sobre los demás en la creencia de los dioses.

            En la segunda parte de esta apología, Sócrates es condenado, después de haber votado todos los jueces. Hay más votos en contra que a favor, y por ello, no consigue la absolución. Como Meleto no alcanzó la quinta parte de los votos, fue condenado a pagar unas diez minas (300.000 pesetas actuales). La condena impuesta por Meleto era la de la pena de muerte.

            Sócrates asegura que por falta de tiempo no ha conseguido deshacer las calumnias y convencer a los jueces para que lo absuelvan. Pese a que Sócrates decidió como condena, pagar una multa dentro de sus posibilidades (aunque al final propusieron Critón, Platón, Critóbulo y Apolodoro una cantidad mayor de dinero), los jueces eligieron condenarlo a la pena de muerte propuesta por el acusador.

            En esta última parte de la apología, Sócrates se despide de los jueces que le habían condenado y de los que le habían absuelto. Se acostumbraba a creer que una persona que estaba a punto de morir poseía dotes para predecir el futuro. Así que, Sócrates predice el futuro a los que le condenaron, diciéndoles que les llegará un castigo mucho más duro que el que él ha recibido. Ahí dio por finalizada la conversación con los jueces que le inculparon.

            Sócrates explica a los jueces que le han condenado que, si se esperaran un escaso período de tiempo, su deseo de la muerte de Sócrates se cumpliría. Reflexiona sobre el fundamento de que la muerte sea un bien, resultando de esto que si, en caso de que sea una ausencia de toda sensación, entonces, la muerte sería para él un maravilloso beneficio, y si por otro lado, se trata de un tránsito del alma de este mundo a otro, será también para él una alegría, porque se encontrará con las demás almas de los muertos, y con los verdaderos jueces que impartirán la justicia.

            Hay que resaltar que se manifiesta la advertencia de un espíritu divino en el pensamiento de Sócrates, que se opone hasta en los asuntos menos importantes, y que le sugiere lo que se debe de hacer en un momento determinado. Revela a los miembros que le absolvieron (llamándole jueces) que ese espíritu divino se comporta de una forma muy extraña, al no haberle disuadido en ningún momento, debido a que él se siente convencido que muriendo se libra de las tribulaciones de la vida. También piensa que no le ha contenido esa señal divina, porque según él su conducta ha sido correcta en todo momento y va a sucederle algo bueno.

            Aporta confianza a los jueces que votaron a su favor para que no teman a la muerte, sino que sepan que a un hombre de bien no puede sucederle nada malo ni en esta vida ni después de la muerte, pues los dioses nunca se olvidan de sus problemas.

            Sócrates, antes de morir, realiza una súplica a los jueces: que cuando sus hijos sean mayores les convenzan y les fustiguen como Sócrates hizo con ellos también.

.
 
.

Si para Nietzsche Sócrates representa el triunfo de la razón contra la vida, el inicio de la cultura de la decadencia, para otros pensadores y filósofos, el "Tábano de Atenas" es el modelo de todo quehacer filosófico honesto e insobornable.

La figura de Sócrates, maestro de Platón y contemporáneo de los sofistas, está envuelta en la ambigüedad y la polémica. Nacido en Atenas en el año 470 (469) a. de C., su padre Sofronisco era escultor, trabajo que también desempeñó Sócrates temporalmente, y su madre, Faenerete, fue comadrona, oficio al que se sentía íntimamente ligado el filósofo, ya que a lo largo de su vida se dedicó, igual que una partera, a ayudar a parir a los demás, no hijos, sino ideas.

A Sócrates se le reconoció también su gran valor como soldado. Participó en la guerra del Peloponeso, en la batalla de Potidea, donde salvó la vida a Alcibíades, y contra los espartanos en Delio. Así mismo, pese a sus escasos recursos económicos, que no hicieron mella en su vida debido a su gran sobriedad, Sócrates supo rodearse de personajes influyentes y de un enorme círculo de discípulos a los que, como un tábano, gustaba aguijonear sus certidumbres y creencias, hecho que le situaría posteriormente en una situación tan controvertida y arriesgada que le llevó a la condena a muerte por el Tribunal de los Quinientos en el año 399 a . de C.

Sea como fuere, y debido a que no escribió ninguna obra, la figura de Sócrates se conoce indirectamente a través de cuatro fuentes bastante heterogéneas. Por una parte tenemos las noticias que sobre él nos ha dejado Jenofonte, que aunque no fue discípulo suyo, sí lo conoció personalmente, escribiendo varias obras en las que tacha de absolutamente injustificada su condena y donde alaba la virtud cívica del filósofo. Sin embargo, pese al afán de fidelidad a los hechos, los informes de Jenofonte dependen de noticias y referencias recogidas de fuentes muy diversas y no siempre fiables.

Platón, sin embargo, sí fue discípulo de Sócrates, y en la primera etapa de sus diálogos (Laques, Cármides, Eutifrón, Lisis, Hipias menor, Ion, Hipias mayor, Apología, Critón) se dedica a presentar el método y el pensamiento de su maestro. La historiografía tiende a dar por válida la versión de Platón, aunque no se excluye que éste mantuviera cierta propensión a ofrecer una interpretación bastante idealizada y mistificadora de Sócrates.

El análisis rigurosamente serio que hace Aristóteles de la historia de la filosofía le convierte en una fuente digna de crédito. Pese a que no conoció personalmente a Sócrates, sin embargo fue discípulo inmediato de Platón, por lo que debía conocer y tener noticias fiables no sólo de la biografía de Sócrates, sino de la diferencia del pensamiento de éste respecto a la filosofía platónica.

Acerca de lo molesta que pudo ser la actitud de Sócrates, es importante la visión irónica que nos presenta Aristófanes en Las nubes, en la que el filósofo "en su tienda del pensamiento" se dedicaba a enseñar el arte de las paradojas a sus discípulos. Se dice que la condena a Sócrates fue motivada precisamente por sus comedias, en una de las cuales afirma: "Este charlatán desvía a la juventud de nuestras enseñanzas". Sin embargo, esto nos parece dudoso, ya que dicha obra fue representada 24 años antes de que se promulgara la sentencia. Tampoco parece claro que fuera originada por su postura antidemocrática. Aunque Critias y Alcibíades habían sido discípulos suyos, Sócrates rompió con los Treinta Tiranos y terminó denunciando a Critias. Además, la condena se llevó a cabo en un plano religioso y moral, y no político. La imputación que se le hizo fue por "impiedad pública respecto a los dioses y corrupción de la juventud".

La ausencia de un cuerpo doctrinal y dogmático acerca de los dioses hace difícil tomar en serio la primera parte de la acusación e igualmente la imputación de corromper a la juventud, a no ser que por ello se entienda que con su actitud filosófica, Sócrates sometió a la democracia recientemente restaurada a la misma crítica a la que sometió a todas las demás cuestiones de índole moral, gnoseológica o religiosa. Asimismo, entre sus intereses de hallaba, probablemente, el instruir a una futura clase política para que gobernase sabia y justamente. Como entre sus discípulos se encontraban personajes tan controvertidos, anticonvencionales o contrarios a la democracia como Alcibíades o Arístipo, dicha "clase" fue odiada por la mayoría de los escasamente instruidos ciudadanos de Atenas, que se veían excluidos de la intelectualidad aristocrática de Sócrates.

Además de esto, tampoco hay que descartar que existieran motivos subjetivos, pasionales y antiguas rencillas personales. Esto es claro si tenemos en cuenta que uno de los querellantes, Anito (los otros dos fueron Meletos y Licón), debía guardarle enorme rencor a Sócrates por la muerte de su hijo, que prefirió quedarse con el maestro, rechazando acompañar a su padre en el destierro, y muriendo poco después alcoholizado.

Otro hecho paradójico que envuelve la condena de Sócrates es que él mismo rehusó salir impune, comportándose altaneramente ante el tribunal. Una vez decidida su culpabilidad podría haber propuesto una pena (antitímesis) un tanto más suave que la presentada por la acusación (tímesis) e incluso, podría haber huido, ayudado por sus discípulos (Critón) y simpatizantes. Sin embargo, nada de esto hizo, limitándose a cumplir las leyes que él mismo, como ciudadano de Atenas, había acatado siempre. Bebió la cicuta y murió, convirtiéndose en uno de los personajes más importantes e influyentes de la humanidad.

Según se desprende de los escritos de Aristóteles, dos cosas deben atribuirse a Sócrates: "los razonamientos inductivos y las definiciones". Los primeros consisten en partir de las cosas particulares y concretas (mudables, aparentes) hasta llegar a un concepto general, universal e inmutable sobre las mismas, que Sócrates denominará logos: aquello que determina a algo para ser lo que es, que da razón de ello o es su esencia.

La definición consiste en responder a la pregunta ¿qué es? (tí estí), es decir: enuncia la esencia universal de algo, su determinación. Sólo sabiendo qué es algo, independientemente de su apariencia, podremos conocerlo verdaderamente y construir una ciencia (episteme) sobre ello. El paradigma racional que Sócrates inaugura sólo puede entenderse en relación al relativismo escéptico de los sofistas.

Ahora bien, el método socrático para acceder a la verdad esencial y permanente de las cosas se divide en dos pasos: a través de la ironía tomamos conciencia de nuestra propia ignorancia, reconociendo que no sabemos nada. Este es el paso previo a la mayéutica, o el arte de dar a luz, como la comadrona, mediante el cual descubrimos por nosotros mismos la verdad, a través de ciertas preguntas encaminadas a ese fin. "Conócete a ti mismo", la máxima del oráculo de Delfos, ha de llevarse a cabo dialécticamente, a través del diálogo o confrontación entre dos o más logoi.

Separándose de los filósofos presocráticos que se preguntaban por la arjé o los principios rectores de la Physis (Naturaleza), Sócrates dirigió el problema de la definición, de la esencia, al ámbito de lo moral y lo político, defendiendo lo que ha venido a llamarse un intelectualismo ético. Según esta doctrina, sólo conociendo qué es la virtud, el bien o la justicia o cuál es su esencia, podremos ser virtuosos, buenos o justos en la vida práctica y estaremos en condiciones de determinar cuál sería el régimen político más adecuado para que estas virtudes florecieran. Por lo tanto, el saber y la virtud coinciden, siendo el mal moral (y político) fruto de la ignorancia y el desconocimiento de los hombres.

Hemos de considerar también que Sócrates no formuló una teoría de las ideas, es decir, no admitió la existencia separada de las determinaciones o esencias de las cosas. Esto lo hizo su discípulo Platón:

"(Platón) fue discípulo de Sócrates, quien –desentendiéndose de la naturaleza en su conjunto- se consagró exclusivamente a los problemas morales, proponiéndose lo universal como objeto de sus indagaciones y siendo el primero que aplicó el pensamiento a dar definiciones. Por ello, Platón, heredero de esta doctrina y habituado a la indagación de lo universal, pensó que las definiciones no podían referirse a los seres sensibles –ya que no es posible dar una definición común de objetos que cambian continuamente- sino a otro tipo de seres. A estos seres los llamó ideas" (Aristóteles, Metafísica, I, 6 ).

Tampoco parece que sea suya la teoría de la inmortalidad del alma (psiché) ni la afirmación de que ésta fuera una entidad separable del cuerpo (soma). Esta doctrina es también de Platón, que estuvo fuertemente influenciado por el pitagorismo.

Pese a todo, la importancia de Sócrates ha sido tan inmensa que, después de su muerte se convirtió en un símbolo de honestidad filosófica y ética, en un "samurai del pensamiento" (Yvon Belaval) de cuya figura han querido apropiarse desde cristianos y confucionistas hasta renacentistas, socialistas o ilustrados franceses.